Sultan, el caballo
http://decaminoafantasia.blogspot.comEl caballo Sultán
Madrid siempre estuvo como punto de referencia de la gran ciudad. La primera vez que recuerdo ese nombre era en un viaje de Papá. Vivíamos en la casa de Argamasilla, yo con tres o cuatro años, papá estuvo fuera unos tres o cuatro días. Antes de partir me preguntaron lo que quería que me trajera, yo dije que quería un caballo. Estaba ansioso esperando a mi padre, a que volviera de aquel viaje de un sitio lejos y los días fueron pasando hasta que una mañana Papá me despertó con unos besos,!Ya estaba aquí! Mis padres estaban felices y con sonrisas en la cara, rápidamente me llevaron al comedor, y sobre el piso de madera, ahí estaba, mi caballo precioso, más grande que yo, con su pelo blanco, brillante y sedoso, con su olor a plástico nuevo, y la larga cola blanca, un caballo de balancín enorme, con su silla de montar y estribos metálicos para sujetar los pies y con unos agarraderos junto a las orejas para no caerse cuando te mecías. Sultán, rápidamente fue bautizado por mamá, contagiada de la ilusión, de mis ojos de niño que se abrían como platos. Papa me tenia que ayudar a subir en aquel animal enorme que yo acariciaba sin creerlo. Este caballo fue usado por todos los hermanos, todavía hay algunas fotos con Santiago y Maria Amparo en la terracita del piso de la Eliana. Ese caballo de Madrid, cruzó las tierras manchegas, y se vino a Valencia entre todos los trastos para seguir regalando ilusión a los hermanos, hasta que acabó después de muchos años con el rabo pelado, con las orejas comidas por el paso del tiempo, Sultán quedo en la memoria, en mi memoria, como el regalo generoso de mi padre que no escatimó el dinero para comprar el mejor caballo que encontró en Madrid. Por eso ahora entiendo a mi hijo Daniel, el también tiene un caballo, Víctor, bautizado por él, el día que lo recogimos de una basura, destartalado y con las patas de plástico rotas, pero Daniel lo metió en la furgoneta para llevarlo a casa, entonces tenia tres años y ahora con casi seis, todavía lo tiene dentro de su armario, compartiendo el espacio con otros juguetes caros, pero yo no me atreví a quitar la ilusión, entonces con cuarenta y muchos años todavía me acordaba a través de mi hijo de mi caballo Sultán.
Madrid siempre estuvo como punto de referencia de la gran ciudad. La primera vez que recuerdo ese nombre era en un viaje de Papá. Vivíamos en la casa de Argamasilla, yo con tres o cuatro años, papá estuvo fuera unos tres o cuatro días. Antes de partir me preguntaron lo que quería que me trajera, yo dije que quería un caballo. Estaba ansioso esperando a mi padre, a que volviera de aquel viaje de un sitio lejos y los días fueron pasando hasta que una mañana Papá me despertó con unos besos,!Ya estaba aquí! Mis padres estaban felices y con sonrisas en la cara, rápidamente me llevaron al comedor, y sobre el piso de madera, ahí estaba, mi caballo precioso, más grande que yo, con su pelo blanco, brillante y sedoso, con su olor a plástico nuevo, y la larga cola blanca, un caballo de balancín enorme, con su silla de montar y estribos metálicos para sujetar los pies y con unos agarraderos junto a las orejas para no caerse cuando te mecías. Sultán, rápidamente fue bautizado por mamá, contagiada de la ilusión, de mis ojos de niño que se abrían como platos. Papa me tenia que ayudar a subir en aquel animal enorme que yo acariciaba sin creerlo. Este caballo fue usado por todos los hermanos, todavía hay algunas fotos con Santiago y Maria Amparo en la terracita del piso de la Eliana. Ese caballo de Madrid, cruzó las tierras manchegas, y se vino a Valencia entre todos los trastos para seguir regalando ilusión a los hermanos, hasta que acabó después de muchos años con el rabo pelado, con las orejas comidas por el paso del tiempo, Sultán quedo en la memoria, en mi memoria, como el regalo generoso de mi padre que no escatimó el dinero para comprar el mejor caballo que encontró en Madrid. Por eso ahora entiendo a mi hijo Daniel, el también tiene un caballo, Víctor, bautizado por él, el día que lo recogimos de una basura, destartalado y con las patas de plástico rotas, pero Daniel lo metió en la furgoneta para llevarlo a casa, entonces tenia tres años y ahora con casi seis, todavía lo tiene dentro de su armario, compartiendo el espacio con otros juguetes caros, pero yo no me atreví a quitar la ilusión, entonces con cuarenta y muchos años todavía me acordaba a través de mi hijo de mi caballo Sultán.
Etiquetas: ARGAMASILLA

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