El molino del membrillo

este es un blog familiar. Dedicado a la memoria perdida

10 de marzo de 2008

la casita de la escuela


La casita de la escuela

La casita de la escuela era el comienzo de una ilusión, comenzar una vida nueva y prosperar, venir a vivir a Valencia, cerca de las hermanas de mama, dejar atrás la vida de Argamasilla, comenzar a buscarse la vida en un pueblo que empezaba a crecer...
Todo era atractivo, con el aliciente de descubrir lo nuevo, por eso papá estaba muy ilusionado y no podía ser menos.
Del viaje de Argamasilla a La Eliana apenas me acuerdo, papá me decía que íbamos a vivir en una casita de muñecas y que era muy pequeñita y bonita, nos vinimos en el “dos caballos”, y mama se sorprendió mucho al pasar por Cuart de lo grande que se había hecho el pueblo. me acuerdo del primer día que fuimos a casa de la tía Paquita y dormimos ahí, por la mañana se asomo por la ventana interior del patio que correspondía a la cocina de la tía Carmen, la carita de Rafelin, el primo, que estaba muy deseoso de jugar con sus primitos.
Mama estaba contenta y emocionada, y la casa de la tia paquita era como si fuera el cuartel general de la familia, pues era donde vivia su madre, mi abuelita. Aquella casa me trae muy buenos recuerdos de infancia, si cierro los ojos, todavía puedo imaginar las habitaciones una a una y las paredes decoradas con azulejos, con dibujos increíbles de pavos y animales decorativos, con las mesas antiguas y el patio donde se guardaba el coche del tio y las herramientas, donde muchísimas veces rafelin y yo jugábamos con clavos, maderas, chapas de gaseosa y cualquier cosa que unos niños de 6 años pudieran imaginar.
La llegada a la casita de la escuela fue como empezar una vida nueva, atrás quedaba el Molino y Argamasilla y los abuelitos, ahora todo era nuevo y estaba por descubrir: Las primeras palabras en valenciano, los chiquillos de la escuela, los maestros compañeros de papa, y la nueva casita, que como bien decia papa, era muy pequeña, pero que a mí, con 6 años me parecia la mejor del mundo, ahí estaba en mitad del descampado de la escuela, a las afueras del pueblo, con los algarrobos, los olivos y los campos de naranjos rodeándola, un sitio fabuloso para mis correrias en busca de insectos y de flores.
De aquella época añoro la libertad de caminar toda la tarde en busca de saltamontes, de vigilar las abubillas haciendo nidos en los algarrobos, el olor de la hierbabuena salvaje de las regueras, que me recordaban al molino y sus alrededores.
La casita de escuela era la ilusión de la juventud misma, y allí se colocaron en las dos habitaciones los pocos muebles que vinieron de argamasilla y que ahora con el paso de los años están reciclados en la casa de papa o en el apartamento, pero entonces era lo que teníamos y allí estaba, apretado en las dos habitaciones, la pila de piedra en la entrada que hacia de habitación múltiple, cocina comedor recibidor y pasillo, todo en uno. En aquella habitación se coloco la televisión, las mesa y las sillas y un poco mas adelante la cuna de Santiago.
Las tardes eran luminosas, y cuando los niños de la escuela se habían ido solo quedaba el silencio interrumpido por los pájaros y los perros galgos que Vivian en la casa de enfrente que tambien era tiendecita, del señor –santiago, que tenia un carro con caballo.
La casita de la escuela no era sola una vivienda sino que puerta con puerta estaba otra casita gemela construida inversamente, donde vivía doña Amparo con su hermana, doña amparo era la compañera maestra de Papa. Es decir papa era el maestro de los niños y doña amparo era la maestra de las niñas. Todavía faltaban muchos años para que en los colegios se mezclaran los niños y las niñas.
Poco a poco fuimos conociendo el pueblo, juntos los tres, mis hermanos Miguel y Javier y como he dicho antes nunca tuvimos tanta libertad en aquella pequeña casita.
Pronto comenzamos a recibir visitas de la familia de mama, y pronto vinieron los primos a pasar algún domingo, los juegos en el campo con piedras y árboles eran el acompañamiento de todo aquello
Papa mando construir unas porterias de hierro para el patio de la escuela y en aquel patio comenzamos a jugar al futbol.
Me acuerdo de la escuela, toda llena de niños, atentos a las palabras de papa, eran los niños del pueblo y con los apellidos de esa parte de valencia , torrent, montaner, coll,
Las escuelas entonces estaban divididas en dos grupos, el edificio de los pequeños, que incluia las dos casitas de los maestros, donde estaban las escuelas de los pequeños, las niñas con doña Amparo y los niños con Papa. Al otro lado del patio, estaban los edidifios de dos pisos donde iban los mas mayorcitos la escuela de don Eduardo que estaba soltero, y la de D. Vicente que era practicante también y llevaba bigotito, como papá, este tenia dos hijos gemelos.
Y al otro lado las escuelas de las niñas mas mayores, la de doña Fundi y otra maestra de la que no mea cuerdo el nombre.
Estos eran los compañeros de papá, y yo captaba la admiración que ellos sentian por él, en sus conversaciones. Me sentía como una persona importante entre los demás niños, yo era el hijo del maestro y eso era como una carta de presentación que me perseguía a donde iba.
La Eliana fue para mi el pueblo de mi niñez, yo ya tenia autonomía y me pasaba las tarde enteras explorando los alrededores, llegaba hasta el depósito del agua, hasta la pinada de lo que ahora es un gran parque. Entonces el pueblo todavía era pequeño, apenas 2000 habitantes, con la estructura de un pueblo de huerta, todavía quedaban casas grandes y se veía algun carro con caballos, y en la entrada del pueblo habia una fuente con bebedero de animales, la gente estaba aficionada a tener pajaros en la casa en pequeñitas jaulas, cosa que a D. Eduardo le fastidiaba mucho, se tenian palomas de concurso, y en las fiestas se hacia concurso de tiro y arrastre con caballos...
El pueblo agrícola, rodeado de campos de cebollas, de alcachofas y de maiz, que muy pronto comenzaría a desarrollar las urbanizaciones residenciales, los chalets que tantas veces admirábamos mientras paseábamos la familia.
Aquellos primeros años en la Eliana pasaron rápido, me acuerdo de los calendarios y de las fechas 1965 1966 1967 años sesenta, donde nos acostumbramos a ver la tele en blanco y negro y con dos cadenas aquellos programas informativos con nombres rimbombantes “panorama de actualidad”, la tele no mandaba de nuestras vidas como ahora, pero nos acompañaba en aquella casita al mediodía y por las noches con programas primitivos y con presentadores con el pelo engominado y con patillas, era el comienzo de los años 60, los años de los hippyes y de la llegada a la luna.
En aquellos años de tele de blanco y negro los días eran más luminoso que han sido nunca, las abubillas, los saltamontes, los almendros en flor, las ropas de papa y mama, todo era de colores generosos y me es difícil recordar aquellos momentos sin colores, ahora que mi vida se ha vuelto un poco gris, el recuerdo de aquellos años ilumina mi corazón.

Desde aquellos ojos de niño de seis o siete años aprendí a mirar a mis padres, a vigilarlos con la suspicacia de un niño que pocas cosas se le escapan, por eso ahora que tengo la edad que en aquel tiempo tenían mis padres, me imagino igualmente vigilado y analizado por mis hijos, al fin y al cabo la vida es una suma de ciclos que se repiten una y otra vez, ahora que se ha cerrado el ciclo de mis padres, me encuentro con un montón de interrogantes que sé que no los puedo contestar sino que la vida con el paso de los años se ira encargando de hacerlo.
Me cuesta esfuerzo sacar palabras en el ordenador, mis pensamientos pelean por salir de la cabeza, pero se agolpan sin orden, caóticamente y eso aun me desespera más.
Aqueños años pasaron felices, todo era nuevo para mi, como no podria ser de otra forma para un niño de mi edad, por eso los recuerdos estan llenos de primeras veces, la primera vez que paseaba solo, la primera vez que enterraba un saltamontes, la primera vez que... Por eso como en todas las primeras veces los recuerdos nunca son en blanco y negro.
En los pocos momentos que no estaba dando vueltas por el campo tenia tebeos, los tebeos de pumby que papa tuvo la idea de suscribirme para que me lo enviaran por correo cada semana, gracias a esos tebeos fui aprendiendo a leer y a tener vocabulario.
Un dia después de haber estado durante un tiempo adaptándose a la nueva casa, llegaron los abuelitos, recuerdo que vinieron en el tren, el tren electrico que llega a la Eliana, cargados con unas grandes maletas, mi abuela traia escondida en las maletas la pareja de palomas incluyendo las crias pichones, era un detalle que habia querido tener mi abuela commigo, las palomas eran mias, y se quedaron en argamasilla pero ella las trajo. Lo malo es que después de hacer el esfuerzo de traerme las palomas desde Argamasilla a mi abuela no se le ocurrió otra cosa que matarlas para ponerlas en un guiso, que yo naturalmente, al descubrirlo no probé.
Mis abueliitos se instalaron en la casita, yo no me acuerdo como, pero la verdad es que no habia mucho sitio, era que habian venido a visitar a mama porque iba a nacer Santiago, por eso estuvieron un tiempo con nosotros, al Abuelito le dio tiempo de arreglar un poco el pequeño jardín que había a la entrada de la casita, planto unos tomates y algunas acelgas, el caso es que me acuerdo de verlo con la hazada distraídamente, sin hacer apenas esfuerzo, quizas recordando lo que habia sido toda su vida hsta entonces, peleando con las remolachas del molino. Pero en aquella ocasión el pequeño jardín se trnsformo en huerta adornada con flores, cunado llegó el verano los ciruelos se encargaron de llenar las ramas de ciruelas amarillas que recogiamos con gusto.
El abuelito trabó amistad con el padre de doña Amparo, la maestra vecina, que en aquellos tiempos estaba viviendo con ella, era un señor muy mayor de mas de ochenta años que encorvado por la vida y moviéndose muy dificultosamente también se distraia como mi abuelo en el pequeño jardín.
Muy pronto aquella casita se fue convirtiendo en un lugar agradable para reunirse la familia de mamá, pues en aquellos años ninguno tenia chalet ni apartamento ni ningún sitio para esas cosas. Por eso muchos domingos venian los tios de manises y valencia para pasar un dia de campo, me acuerdo que aparcaban los coches debajo del algarrobo grande que habia delante o junto a la pequeña valla encalada, eran los coches de aquella epoca que aparcaban junto al dos caballos de papa, los modestos simca 850 y renault gordini del tio Juan y Rafael y los un poco mas lujosos simca 1000 y el SEAT 1500 del tio Jesús y del tio Andrés .
De cualquier forma en las mañanas luminosas llegaban esos coches cargados de primos y primas dispuestos a pasar un dia de campo.
La vida se nos abria con todos sus colores y luces, se trataba de disfrutar al máximo con los primos y jugar entre los olivos cercanos y los almendros, con piedras y saltamontes, arañas y cochecitos de pedales, por ahí estaban los primos andresin y paquito siempre juntos y con aires de niños de ciudad , y rafelin y inma, mas asequibles al juego, luego estaba la parte de las chicas, las inefables mellizas merche y amparo que siempre jugaban con maria Jesús, y en otra parte ya estaba los primos que participaban en las conversaciones de los mayores, juan francisco, mari carmen, rosa mari, ... Ahora que ha pasado el tiempo me doy cuenta de que aquello fue el inicio, donde se pone el cemento a la familia y después aunque pasen los años y no nos hablemos siempre quedan esos recuerdos.. el lazo que nos une.

El paso del tiempo era lento, así lo sentia mi percepción de niño de 6 años, ahora los años se me escapan de la vida con mucha facilidad ahogados entre las rutinas del trabajo y de la cotidianidad, pero entonces todo era nuevo, todo estaba lleno de primeras veces, y el año pasaba despacio con metas lejanas que tardaban mucho en llegar, el paso tel tiempo lo media en el calendario colgado en la pared de la tiendecita de la calle de enfrente del señor Santiago, estaba con grandes letras 1965 , y entonces yo pensaba en que seria muy mayor cuando llegara 1966, 67.
Los meses iban pasando entre juegos y paseos por los alrededores de la casita, ya empezaba ha ser conocido como el hijo del maestro, de D. Manuel, situación que nunca me ha gustado demasiado pues entre los compañeros de la escuela se me consideraba como protegido por mi padre y desacreditado por supuesto cualquier logro alcanzado por mi parte.

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1 comentarios:

Blogger Manolo ha dicho...

en la foto esta Daniel, en un mundo de colores y de ilusion

3 de abril de 2008 a las 1:45  

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